A veces pasa que sabes de antemano que será una de estas noches... Sí, estas noches en las que das mil vueltas en la cama, te levantas y vas al salón, vuelves a la cama con la esperanza de que ya podrás dormir, sólo para volverte al salón una media hora más tarde...
Y, claro, con tanto tiempo de vuelta hacia un lado y hacia otro, la cantidad y variedad de temas que puede manejar nuestro cerebro resultan interminables: desde la previsión del tiempo para mañana hasta empezar a planificar las vacaciones del año que viene.
Hoy ha tocado una de esas noches... Supongo que es fruto de la locura horaria vacacional, aunque a saber. Lo cierto es que, sin dormir, y de vuelta a la tierra que me vio nacer, pero sin estar realmente en mi casa, me cuesta no pensar en cuánto puede cambiar una vida en un transcurso muy breve de tiempo (gracias al famoso efecto mariposa, supongo).
Vengo a la Galicia en la que nací y viví durante 30 años, pero ya no tengo casa a la que venir, puesto que es una casa vacía, en la que ya no queda nadie ni nada, que no está en condiciones de alojar a una familia y en la que se mezclan los recuerdos bonitos con los más tristes... Es curioso cómo puede surgir una relación de amor-odio sobre lo que alguna vez fue nuestro hogar... Y es que eso es lo que me pasa desde que se fue mi padre: que ya no tengo un hogar al que volver cuando vengo de visita... Ese abrazo cálido y esa sonrisa que me encontraba después de 6 horas de viaje... Ese lugar en el que volver a comer en familia y pasar las horas charlando de cualquier tema que se nos ocurriese... Ese amor incondicional que te espera siempre, pase lo que pase, y que todos deberíamos tener en nuestras vidas durante el mayor tiempo posible... Pero todo eso se acabó hace ya unos cuantos años.
Cuando con 40 años no queda nadie por encima de ti en tu árbol genealógico, la sensación de orfandad es tremenda... No es momento de contar mi vida, por supuesto, tampoco lo pretendo... Pero creo que es necesario puntualizar esa característica de mi existencia para entender toda esta ida de olla nocturna que implica una casa familiar en la que ya no hay familia que la llene... Vuelvo a Galicia, como volveré siempre, de aquí soy y siempre lo seré, pero esa sensación de venir a "mi casa sin casa" me acompañará cada vez que vuelva (supongo).
Boas noites! (Ou bo día...)
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